11142381_1017235828287376_1798152861_n

Me veo con la necesidad de insistir hoy en que hagáis aquello en lo que creéis. Siempre.
En que os queráis por como realmente sois y tengáis las narices de haceros notar.
La conciencia limpia, tranquila. La paz mental, es algo que no se paga. Aceptar tus propios defectos, tus propios errores, convierte la voz ajena en un susurro del que solo puedes aprender a alejarte.

Ayer pasó algo que me abrió los ojos. Hay personas que no se quienes son, ni me importa la verdad. Que se dedican a difamarme en cuanto tienen ocasión. Ayer cuando lo volvieron a hacer, sentí algo que no había sentido nunca antes; compasión.

Compasión por aquellos cuyas vidas son tan tristes, cuyo corazón es tan pobre y sus mentes están tan vacías. Que se dedican a vivir a través de otros.
Compasión porque es gente así la que nos eleva a lo más alto y te hacen importante.
Compasión porque sus humillaciones les define a ellos aunque sea desde el anonimato. Y no a mi.
Compasión porque la vida de los que tenemos amor de verdad, por la vida, por nosotros y por todo. Nunca estará al alcance de gente así.
Seas quien seas, gracias por hacerme llegar a más gente. Por hacerme oír. Y por inventar sobre mi.

Tened claro, que cuando estéis en el camino correcto siempre habrá alguien deseando verte caer. Deseando que fracases. Porque sabe que la victoria es tuya si eres capaz de verlo.
Ayer tuvieron razón en una cosa (os recomiendo que antes de criticar os informéis porque no dais pie con bola) y es que nunca he sabido triunfar en nada. Y no por falta de oportunidades, sino por falta de confianza, de amor y respeto por mi misma.
Pero no nací sabiendo, no pretendo ser perfecta. Pretendo aprender y ser capaz de ver aquello que ya sabemos que no todos ven.

Todo pasa por algo. Y ya casi casi estamos.
No hace daño quien quiere, sino quien puede.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.