Abril, 27

Nunca dejes de hacer las cosas bien. No tomes el daño que otros te hicieron como excusa, ni el dolor como guía de la experiencia. No toleres que nadie te diga cuánto de alto debes aspirar, ni cuánto de ridículo tiene aquello que te hizo sufrir.

Que las palabras de aquellos que se sienten inferiores a ti, resbalen por los pabellones del hall de tus oídos.

Haz de tu vida la aventura que te gustaría escuchar algún día.

Haz de la espera a ese gran momento la base del paraguas que puede que necesites algún día. Cuando antes de tocar el cielo venga la gran tormenta.

Haz de la espera ese “llenar la nevera” para cuando las piernas aflojen, cuando la cruz que carga tu espalda arda. Arda llevándose consigo todo eso de lo que creíste que nunca te librarías.

Sigue cultivando las cosas buenas, sigue sin perderte a ti mismo. Porque todas esas lindas semillas, todas esas lágrimas, esos días oscuros, regarán con tu sudor el día de tormenta. Algún día, cuando menos te lo esperes, cosecharás los frutos que de verdad te hayas ganado.

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