Mayo, 5. Echándote de menos a la 1:23am.

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La verdad es que he reprimido mil y una veces estas ganas de escribirte que me abrasa las yemas de los dedos. He silenciado mis lápices con el miedo. Miedo a qué? Si no puedo perder nada, porque nada es lo que tengo.

Nada que pudiera hacerte entender por qué te escribí hoy como he hecho siempre en ese estúpido cuaderno.

Nada que pudiera descifrar las tiras de sinrazones que se acumulan en mi lengua, que quieren desenredar las palabras que acumulas sin querer en mi cabeza.

La verdad es que he llenado cientos de páginas con este amor a quema vela, he sellado las cartas que no tengo a donde enviar con la cera que dejó tu sombra en la almohada y en la taza que aún se enfría en esta mesa.

Nada me ha llenado el corazón como lo hacen las aguas que surcan los profundos océanos que hay en tus ojos. Nada me ha hecho tan inmensamente feliz como que mojarme de pasión en tus enojos.

Nada ha sido más o mejor que eso que no sabes, que no crees o que hoy ya, no recuerdas. Así que déjame escribirte una vez más. Puede que así, aunque no te envíe. Aunque no me recibas. Puede que así, un día sin saber ni cómo, sin saber cuándo, percibas ese poquito de mi. Que aunque no estés, aunque puede que quizá no hayas estado. Mis manos lleguen a ti, como lo hicieron mis ojos en aquel verano.

 

Bianca Scott, 1:23 am. (5-5-2015)