Abril, 26. Ancla.

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Risto Mejide dice que “madurar es aprender a despedirse”, y creo que en parte tiene razón, pero los hay que crecimos diciendo “adiós”. ¿En qué nos convierte eso?

Mi primer tatuaje fue un ancla (sí, un alarde de originalidad, visto lo visto) pero mi ancla tiene un por qué. El ancla representa la búsqueda de la estabilidad, la necesidad de anclarse, puede que, en el momento adecuado. Mi ancla, está torcida, y en el brazo derecho, que es la mano que suelo usar para escribir (soy ambidiestra).

Los hay que después de una vida de idas y venidas, y de más “idas” que de cualquier otra cosa, buscamos una estabilidad. Algo que no se vaya nunca, algo que parezca inmutable, perenne, que perdure en el tiempo. Craso error.

Yo he tardado varios años en aceptar la naturaleza de mi vida, y de mí misma.

Admiro a aquellos que hacen con su vida un montón de cimientos, y que de ellos construyen su vida, su familia, su trabajo, la razón por la que vivir. Es fascinante cómo todos y cada uno de nosotros tenemos un por qué, ese algo que nos hace únicos y cada cosa es distinta de lo anterior.  Lo admiro, porque es algo que yo no tendré nunca. Y no porque no pueda, sino porque no quiero.

Ese ancla será lo único que me amarre a algo, a mi piel. Ese ancla será lo único que me haga darme cuenta de que hay que saber vivir en armonía con uno mismo, y eso no significa exclusivamente mirarse el ombligo. Creo (CREO, y lo hago porque me funciona) que hay que aceptar las cosas tal cual son, que hay que saber captar las señales que te da la vida, hay que mirar al pasado (por jodido o no que sea) y mirarlo de frente, sin más, no dar más vueltas. Aceptar que pasó lo que pasó, y que GRACIAS a eso, tú eres quién eres, y ESO es lo que te hace único. Podrás cambiar de apariencia, mientras que si no cambias lo que llevas dentro, jamás habrá cambios reales en tu vida.

Creo que vivimos lo que vivimos por algo. Mi vida habría sido muy distinta, sino hubiera aprendido a decir “adiós” demasiado pronto, si no hubiera decidido maquillar mis recuerdos durante demasiado tiempo, si no hubiera decidido cometer los errores que he cometido, si no hubiera vivido los que se han cometido conmigo y si no hubiera decidido mirar al miedo de frente y aceptar que por jodido que fuese, no habrá una segunda parte.

Aceptar las cosas nos hace libres. Un pasado no tiene por qué condicionar un futuro, en ningún sentido.

Aceptar es despedirse sin darse cuenta.

Decir “adiós” a veces es la mejor manera de hacer las cosas.

Cerrar un libro, solo hará que empieces otro.

“Lo único constante es el cambio”

Y así, mientras admiro a los que hacen de sus cimientos, el resto de su vida.

Yo soy de las que vivió en aguas turbulentas, de las que se refuerzan cuando hay caos. De las que renacen mil y una veces (y más si hace falta) de las cenizas. De las que no quiere parar, de las que no habrá una silla para sentarse. No habrá frontera lejana, ni demasiada edad. Porque mientras nos inculcan las limitaciones, mientras los hay que se limitan ellos mismos. Yo solo veo el INFINITO.

 

 

Decir “adiós” es solo aprender a decir “hola”.

 

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Gafas: RayBan.

Zapatillas: Nike AirForce.

Camiseta: Brandy Melville.

Pantalones: Pull&Bear.