Mayo, 19.

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Recuerdo lo que he soñado, todos los días. Y se perfectamente que respiro de día y vivo de noche, que me como cada minuto de la noche con los ojos cerrados.

Recuerdo mis sueños todos los días, recurro a ellos cuando no nada me consuela, cuando la esperanza se agota.

Vivo dormida y espero despierta. Me echo de menos cuando suena ese maldito despertador, y vuelvo a verme cuando apago la luz.

A veces la desesperación, la desesperanza, las “deses” me hacen cómplice de su agonía.

Demasiado tiempo esperando, y la espera empieza a dejar de tener sentido.

Qué hacer cuando algo, en lo más profundo de tu corazón te dice que es el momento.

Cómo reaccionar cuando tu mente anticipa todos los movimientos.

El que espera desespera, quien siembra recoge.

No fue mi meta irme la primera, no fue mi propósito llegar pronto.

Mi vida es llegar para mantenerme. Mi vida es llegar y saber que yo nací para ello, que todo lo que aprendí mereció la pena. Que mis alas son del material que maneja el viento y que los recuerdos no condicionarán lo que quiero.